Medellín desnuda
La oferta sexual del Centro

El comercio sexual en el centro de Medellín tiene más de dos siglos de historia. En 1890 la casona de las putas Lola tirado, ubicada cerca al Parque Berrío, fue testigo de los inicios de la vida sexual en esta zona de la ciudad. En la actualidad, la oferta, además de burdeles tradicionales o casas de prostitutas, es generosa: salas de masajes, clubes de streapers, moteles, reservados, cinemas, etc.

Las calles del Centro se han especializado en estas ofertas sexuales. En El Palo es más frecuente encontrar moteles y casas de masajes; en Sucre es común encontrar reservados y salas de cine porno; en Bomboná hay cabinas de internet para sexo virtual; y en Maracaibo y La Veracruz se concentran clubes nocturnos, prostíbulos y bares de streapers. Así se observa en este mapa. 

 

Interior de un bar del centro de Medellín. Foto: Jean Carlos Severiche
Un burdel de Maracaibo

El sonido del timbre anuncia la llegada de clientes, quienes atraviesan un corredor rojizo con un pequeño espejo al fondo. Las mujeres, a la vista, sonríen y desfilan mientras lanzan miradas coquetas, pendientes de quién está próximo a entrar  tras la alerta del timbre. La tarima principal en la que acostumbran bailar tiene dos tubos metálicos y sus bordes morados resaltan en la oscuridad del lugar. La música suena y dos televisores transmiten escenas sexuales.

A Maracaibo se ven llegar hombres de todas las edades. El DJ los incita a gastar, en trago, en mujeres. Ellas -semidesnudas, zapatos altos y mucho maquillaje- aguardan, observan, acechan. La música no para de sonar. Una mujer se empieza a desnudar. 

 

 
Sinfonía y Villanueva: salas x de antaño

Los visitantes del teatro Sinfonía son clientes asiduos, en su mayoría son hombres de edad avanzada. La entrada para las mujeres es gratis. Y quien no lleve pareja ni sea mujer debe pagar $7.000 pesos. Adentro, el Teatro Sinfonía está conformado por una sala grande, pantalla gigante y 470 sillas.

En la noche de un jueves hay allí 25 hombres. Parecen mayores de 30 años. Este lugar les da la posibilidad de ser parte de la película, de revivir la escena y volverla suya, sin que nadie se los impida ni se los reproche.

El Sinfonía está ubicado en Sucre, entre Caracas y Maracaibo, un sector donde abunda el comercio y la mendicidad. Los avisos del cine son carteles que anuncian gargantas profundas, senos gigantes y traseros espectaculares. 

Villanueva, como Sinfonía, es otra sala de antaño del centro de Medellín. Ambas preservan la estructura clásica con la que conquistaron públicos en las décadas de los  70 y los 80. La sala está ubicada en un tercer piso.

En la parte principal de la sala hay 33 hombres y en la sala superior hay unos 10. Al salir de esta limitada zona se observa a un hombre enorme de tez negra que, con las piernas abiertas, aprisiona a un hombre de pelo blanco, de unos cincuenta y cinco años.

 

Imagen tomada del sitio web de imágenes libres Freeimages. La imagen fue modificada.
En busca de un masaje

La Mansión es una casa de masajes eróticos, ubicada al frente del parque del Periodista. Es uno de los 15 establecimientos encontrados en los 17 barrios que conforman la Comuna 10 de Medellín. Acordé telefónicamente una cita con una de las empleadas que trabajan allí. No dijo su nombre. Solo dijo que podía llegar entre las 4 p.m. y las 6 p.m., que con todo gusto me atenderían. Al llegar, toqué el timbre y subí las escaleras que conducen al segundo piso. Detrás de una cortina azul había tres mujeres: lucían tacones de plataformas, brasieres sin tirantes… dos de ellas en bikini y la otra en toalla. Había licor, crispetas, música y televisor de pantalla plana.

– ¿Qué necesitas?-, dijo una de ellas. Dije mi nombre y el motivo de mi visita. –Pero la dueña no está. Ven como a las siete y media a ver si ya llegó-. Acepté y salí. 

En las calles del centro abundan repartidores de publicidad sexual. Seguí la dirección inscrita en un aviso rosado. Llegué a Chicas Punto Com, a pocos metros del Parque de Bolívar. Allí los servicios cuestan desde 40 mil pesos, por un periodo de 30 minutos. Cada tiempo adicional vale 20 mil pesos más. El paquete incluye “besos, caricias, sexo oral con condón y penetración vaginal”.

Este negocio, según una rubia que me recibió en la entrada, es uno de las pocas casas de masajes legales. Es decir, cumple con los reglamentos de sanidad y está registrado ante la Cámara de Comercio.

Sin embargo, un vocero de la Cámara de Comercio afirma que la entidad no tiene registros de empresas registradas como “casas de masajes”.

Según la rubia, los dueños son muy celosos y no le gustan ese tipo de cosas (los periodistas). Agregó que ellos no viven en Colombia y que tienen otro local, cerca del Parque Berrío. 

Fui a otro local, Yakuza. Es un edificio viejo de tres pisos, ubicado al frente del paradero de los buses que prestan servicios desde y hacia  el Aeropuerto Internacional José María Córdova.

Volví una vez más a la mansión. A las siete y media como había acordado. Esta vez estaba cerrada. Nadie me atendió. 

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